EL POETA
Por Antonio Pippo
Fue un hacedor de luz, un abridor de puertas del espíritu, un poeta lleno de cicatrices y empeños perdidos, de cabello desordenado, bigote desparejo y ojos somnolientos, que buscaba la alegría ajena mientras en una formidable fabulación sentimental camuflaba su matrimonio inmortal con la melancolía.
Nació para entender mejor que nadie a los demás, a los otros, que a fin de cuentas eran él mismo, ya niños, ya adolescentes, ya adultos, mientras esculpía una poesía soleada de glicinas y malvones, capaz de abrigar a cualquiera porque cualquiera la disfruta y se la queda en un rinconcito del corazón. Para siempre.
Soy de los que cree que jamás se propuso nada, y menos la fama, sino que esa vida expeditiva, zigzagueante, desbordada fue la entrega absoluta de su mismidad para darle cobijo y sentido a todo lo huérfano que habita el mundo.
Y si hubiese que hablar de su voz, ¡claro que estaba repleta de aguardiente! Era cavernosa, traviesa y nochera, pero al mismo tiempo insobornable. Jamás se erizó en estridencias; más bien fue a la búsqueda de los interiores, de las oquedades de las almas alrededor de las que revoloteó, cual gorrión cariñoso, cordial que anhela compañía para acurrucarse. Ahí quedaron, también, sus imperfecciones entrañables.
Un hombre para los cafés más que para los teatros. Un hombre para resonar en tabernas, rodeado de amigos al llamado de su misterio sutil pero sin armaduras. Un hombre cabal, en el taller y en la pluma, tanto de servicio como de rebeldías. Un hombre que se hizo a sí mismo y no olvidó a nadie aunque a nadie debía nada.
Hay una resonancia que no acaba. No acabará hasta que el último de nosotros se haya ido. Es su legado. Caben los versos, la música, la voz, la vida.
Escribió Homero Manzi: "Estoy lleno de voces y de colores/ que juraron acompañarme hasta la muerte/ como amantes resignadas/ al breve paso de mi eternidad".
Morirte, José, ¡qué chiquillada!!!
La república, 22 de outubro de 2010
"La muerte"
Escrita en México tras la muerte de su pequeña hija de siete días.
Me enrosco en tus ancas fuertes
Y en tus ternuras mi negra
Me gusta vivir la vida
Entregándome a la suerte
Pa no tener tanto miedo
Cuando me abrace la muerte
Será porque tengo el cuerpo
Llenito de madrugadas
Que busco una muerte viva
Jamás una muerte mansa
O será que no se eligen
Estos barullos del alma
Atrás de la enamorada
anda el que está enamorando
Detrás de mi vida negra corren
los que van matando
Con chorros de mariposas
Enamoramos la vida
Entre sábanas calientes
Promesas y despedidas
Y bajo de cada retazo
Anda la muerte escondida
Angelitos de bosteco
Ventanita de un verano
Me enseñaste la tristeza
Cuando soltaste mi mano
Quedarás con los mariachis
Cantarás en las trompetas
Y yo me marcho solito
Llorando porque me cuesta
La muerte no tiene manos
La vida se las quitó
Pero le dejó la boca
Y le dice ven mi amor
Muerte que anda de amargura
Como si se lo pidiera
Déjeme un ratito solo
Pa arreglarme con mis penas
Le juro que si se ensaña muerte
Con mi corazón
El día que me caliente
Entro a perseguirla yo
Con quien,
Con quien se moja la muerte
Que nunca,
Que nunca chupa con migo
Y amigo de buena vida
No le importa ni un comino
Adónde se va la muerte
Que salió en punta de pie
No me interesa compadre
Ya lo sabremos después
La muerte andaba rondando
Quien sabe donde andará
No me dejes alegría
No te vayas vida mía
Que esta puta, vieja y fría
Nos tumba sin avisar
http://www.youtube.com/watch?v=YJMm_RYkA9M
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